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Accidentes Ferroviarios
(Parte I) |
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Dos trenes se mantenían
a la espera en las vías par e impar en las proximidades de Leeds,
mientras los técnicos reparaban el equipo de señalización. De
pronto, las señales se pusieron en verde: uno de los trenes
emprendió la marcha y, ante el espanto de su maquinista, pasó a toda
velocidad una serie de desvíos y se abalanzó sobre el otro convoy. |
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Justo al oeste
de Leeds, a última hora de la tarde del lunes 5 de septiembre de
1977, dos trenes se detuvieron ante las respectivas señales en rojo.
El primero era el de las 20.40h Liverpool Lime Street-Hull, una
unidad de tren diesel, compuesta por cuatro coches del tipo
denominado Trans-Pennine. Se detuvo en la señal L31 de la vía impar,
procedente de Huddersfield (esta señal protegía un escape en Farnley
Junction, entre las vías par e impar de Huddersfield y un cambio
conjugado del ramal de Farnley).
Poco antes, el tren correo de las 21.50h que cubre el trayecto de
York a Shrewsbury, arrastrado por la máquina de la Serie 47 n°
47402, y formado por 10 furgones del Correo británico, había salido
de Leeds por la vía par de Huddersfield. También tuvo que detenerse
en Farnley Junction, junto a la señal L36, al otro lado del escape.
En ese momento unos técnicos estaban tratando de reparar una avería
del equipo de señalización, localizada en un armario de relés a un
kilómetro y medio aproximadamente de Leeds, que afectaba a la zona
de Farnley Junction.
El maquinista del tren diesel
telefoneó al guardagujas de Leeds desde la señal L31, y se le dijo
que esperara mientras los operarios arreglaban la avería. A
continuación, el ayudante del maquinista del tren correo telefoneó a
su vez desde la L36 y recibió la misma respuesta.
A eso de las 23.11h, ambas señales se pusieron en verde. Pero justo
antes, la dotación del tren correo había visto cómo se movían las
agujas, de modo que el otro tren, en lugar de seguir de frente,
cambiaría de la vía impar a la par. El ayudante trató de telefonar a
la cabina de enclavamientos pero no obtuvo respuesta.
Al volver de la señal L31, el maquinista de la unidad diesel la puso
en marcha y aceleró en la cuesta abajo, de 9,6 milésimas por metro y
unos 730 m de largo, que lleva al escape. Como las agujas estaban
dispuestas para cambiar de vía, en lugar de continuar en línea recta
tomó el desvío y se abalanzó a cerca de 65 km/h contra el tren
correo, que seguía detenido. El maquinista aplicó el freno de
emergencia, pero era demasiado tarde. El tren diesel embistió
frontalmente a la pesada locomotora diesel del correo. El coche de
cabeza se empotró en la n° 47402, destrozando ambas cabinas. El
maquinista del tren correo murió al instante, y el de la unidad
diesel, unas horas después (la máquina n° 47402 fue reparada y
mantenida en servicio hasta el domingo 10 de mayo de 1992, fecha en
la que emprendió su último viaje en el Severn Valley Railway). |
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Los restos de la locomotora
del tren correo, la n° 47402,
durante la inspección llevada a cabo tras el
accidente. Aunque la cabina quedó destrozada y
el maquinista murió en el acto,
el tren en sí sufrió pocos
daños. |
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La cadena de
acontecimientos comenzó pronto, cuando, a causa de un conflicto en
las centrales eléctricas, se amenazó con cortar el suministro. La
cabina de enclavamientos de Leeds no tenía por entonces generador
propio, así que BR había instalado uno portátil, conectándolo a la
acometida de la cabina.
Sin embargo, no se consiguió restablecer la corriente por completo,
lo que provocó diversos fallos en los circuitos de vía. Por la
tarde, los técnicos encargados de las señales trabajaban para
resolver el problema y, aumentando la tensión en las tomas
intermedias, consiguieron que todo el sistema funcionara
adecuadamente. Es decir, todo excepto los dos circuitos de vía de la
línea de Huddersfield en Holbeck East Junction, justo al salir de la
estación de Leeds.
Como Farnley Junction estaba a unos 3 km del puesto de control de
agujas de Leeds, el repetidor de relés de Holbeck East necesitaba
recuperar la tensión normal. De él dependía el funcionamiento
correcto de las señales y las agujas de Farnley Junction, así como
el del panel de control de Leeds. Fueron precisamente las
indicaciones de éste las que fallaron.
El técnico del turno de noche había recibido instrucciones del
ingeniero de la zona para que reemplazara un
transformador-rectificador en el armario de relés, que era el que
estaba provocando el fallo del circuito.
El técnico, junto con su ayudante y el conductor de un furgón, se
dirigió al armario a eso de las 22.40h. Telefoneó al guardagujas
para obtener permiso para empezar a trabajar. Explicó que el
transformador-rectificador también alimentaba los relés que
controlaban las agujas de Farnley Junction.
La cabina de enclavamientos, por su parte, tenía otros problemas.
Los indicadores de los trenes llevaban sin funcionar todo el día,
así que hubo que incorporar otro guardagujas para que anotara los
trenes en un registro e informara constantemente a sus colegas del
panel de control sobre la posición de cada tren. Este hombre era el
que respondía también las llamadas de teléfono efectuadas desde los
postes de señalización.
Estos teléfonos sólo podían efectuar llamadas a la cabina de
enclavamientos. Si el guardagujas quería ponerse en contacto con
alguien de la línea, tenía que utilizar un vibrador de frecuencias:
una especie de "reloj de cuco" situado a intervalos a lo largo de la
línea. Al oírlo, el técnico debía telefonear a la cabina de
enclavamientos.
El supervisor de la cabina dio permiso al técnico para que iniciara
su trabajo y reemplazara el rectificador defectuoso. También le dijo
al guardagujas del panel de control que activara los mandos de
establecimiento de itinerario, correspondientes a las líneas de
Huddersfield, en Farnley Junction, para mantener las señales de
peligro. Como los cambios de vía en ese empalme eran raros, se tenía
por norma dejar los mandos de itinerario en modo automático, con
señal de vía libre para las líneas principales.
Pero también el técnico de mantenimiento de las señales tuvo
problemas. Cuando quitó el fusible del rectificador, descubrió que
la pieza de repuesto que llevaba era defectuosa. Empleó otra, pero
como era demasiado grande, en vez de encajarla en su sitio tuvo que
colocarla en el suelo del bastidor y empalmar unos cables.
En ese momento sonó el vibrador de frecuencias, así que telefoneó al
enclavamiento de Leeds. El guardagujas le dijo que se había
producido una colisión. |
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El funcionario
encargado de la inspección después del accidente, el comandante C.
F. Rose, pronto encontró una razón ridículamente simple para la
tragedia: el rectificador de repuesto había sido conectado con los
cables al revés. En consecuencia, se invirtió la polaridad de todo
el circuito. Lo normal es que hubiera tenido pocas consecuencias,
pero algunos relés, incluidos los que controlaban el escape de
Farnley Junction, eran "polarizados": dependían de la dirección de
la corriente eléctrica para conmutarse.
Cuando el técnico reemplazó el fusible, a eso de las 23.10 h,
restableció el circuito e hizo que las agujas de las vías par e
impar de Farnley Junction funcionaran, sólo que al revés. Por
desgracia, la conexión errónea del rectificador no afectó a las
indicaciones que se recibían en la cabina de enclavamientos: es
decir, mostraban las agujas en su posición correcta.
Sin embargo, todavía intervino otro factor para que las señales
dieran vía libre. El guardagujas tenía que haber accionado los
mandos de establecimiento de itinerario de Farnley Junction en el
panel de control. Hay unas normas muy estrictas, que se aplican
cuando los técnicos están trabajando, para garantizar que los
guardagujas no fijen rutas cuando no se está seguro de que el equipo
funciona correctamente. Aquí es donde hubo un verdadero problema
para determinar las respectivas responsabilidades.
El supervisor de la cabina de enclavamientos había dado permiso al
técnico para reemplazar el rectificador. Había dado instrucciones al
guardagujas para cancelar las rutas que pasaban por Farnley Junction.
Éste, por su parte, había puesto recordatorios —pequeñas fundas—
sobre los mandos de establecimiento de itinerarios, para no
pulsarlos inadvertidamente.
De modo que, cuando el guardagujas recibió una llamada a las 23.10h
de alguien que afirmaba ser el técnico de S&T, diciendo que el
trabajo estaba terminado, los ferroviarios pusieron inmediatamente
los trenes en movimiento. El que estaba en el panel de control
restableció las rutas en Farnley Junction y las señales se pusieron
en verde, pero como las agujas se conectaron al revés se produjo la
colisión. |
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