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En
menos de seis meses, el ferrocarril llegó a Chascomús convirtiéndola
durante 9 años en punta de rieles, esto significó para el pueblo un
espaldarazo económico-social e institucional de trascendente
importancia. Reemplazaba las antiguas carretas y diligencias que por
trabajosos caminos la unían a la gran ciudad tras tres o más días de
cruel travesía, por un "camino de hierro" que en menos de cuatro horas
la ponían al alcance de todos los adelantos de la moderna gran ciudad.
El primer tren llegó a Chascomús el día 15 de diciembre de 1865.
Para Chascomús, el hecho de ser punta de rieles le significó un avance
fundamental en todos los sentidos: institucional, comercial, industrial,
cultural, nuevas formas de transporte; todos los medios de alrededor
convergieron sobre la misma. El ferrocarril obtuvo todos los envíos
hacia la ciudad y por otro sentido las carretas, diligencias y
mensajerías tuvieron como punto de partida a Chascomús. Partían hacia el
sur, este y oeste de la provincia en su faz conocida, nuevas formas de
comercialización de los productos zonales, como: ganado en pié, tasajo,
leche, manteca, trigo, maíz, lana, corderos y un sinnúmero de productos
que los pueblos vecinos volcaron hacia Chascomús, que tenía una
comunicación con la gran metrópoli casi inimaginable hasta ese entonces.
INSTITUCIONALMENTE:
Todas las instituciones tuvieron un despegue fundamental. En la década
siguiente, recibió el nombramiento de ciudad el día 14 de julio de 1873.
Su relación con el poder central, adquirió mayor envergadura a raíz de
este nuevo medio de comunicación.
Los hechos a nivel nacional tuvieron un reflejo para nuestro pueblo, ya
por entonces la ciudad, debido a los enfrentamientos entre porteños y
provincianos, en cuanto a definir la situación de la capital del país y
el lugar físico de la capital de la provincia, lo que derivó en que se
estudiara la posibilidad de designar a Chascomús como capital
provincial. Esta idea se fundamentaba en que hubo un proyecto hacia
mediados de la década del 70, de establecer tres grandes partidos en la
provincia: el del norte con cabecera en San Nicolás; el del centro con
cabecera en Lujan o Mercedes y el del sur en Chascomús. Comunico que
tuve en mis manos, los planos de esa época en que las tres ciudades
figuraban en un círculo y unas líneas ya demarcaban los partidos.
Así era la trascendencia de la ciudad, que luego fue relegada por la
fundación de la ciudad de La Plata en el año 1888.
COMERCIALMENTE:
El hecho fundamental que vigorizó a la ciudad, fue que todos los
partidos y pueblos vecinos comenzaron a enviar sus productos hacia el
ferrocarril. El ganado en pié de trabajosos rodeos, encontró en los
vagones una salida inusual. Lo mismo ocurrió con los tambos que en pocas
horas sus productos estaban en la gran ciudad; la manteca refrigerada
llegó al puerto con punto final Europa (Gándara y la estancia de Santa
Ana fueron los pioneros).
Los granos fueron la vedette de esos tiempos. El ferrocarril adecuó sus
siglos y galpones con su experiencia de Europa. El trigo, el maíz, el
girasol y los lanares comenzaron a ser tenidos en cuenta por los
hacendados de la zona. Los productos de granja: verduras y hortalizas,
jamás pensaron en llegar a Buenos Aires en cuatro horas. Hoy es posible
que todo esto nos parezca algo inimaginable, pero es necesario situamos
en ese momento para ver lo que significó para todos esos pueblos la
llegada del ferrocarril. Tengamos presente que la historia, testigo
implacable y a veces cruel, nos habla que aviesos malones azotaron el
Rincón de López cerca de pocas leguas de Chascomús hacia el año 1870 y
que recién el General Mansilla pusiera fin expulsando a los indios entre
1874 - 1878.
Con la misma trascendencia el comercio de la ciudad tomó un vuelo
inusitado. Cambió la vida y costumbres de sus habitantes. En cuatro
horas y pico, en tren y tranvía de caballos mediante, el centro de la
gran metrópoli estaba a su alcance. Las grandes tiendas y comercios los
encandilaban con sus vidrieras y escaparates con la moda europea.
Los diarios de Chascomús en sus avisos de esos negocios porteños, las
damas y señoritas podían estar a la última moda de París, Londres o
Madrid. Hoteles, restaurante y confiterías ofrecían sus servicios de
nivel internacional y hasta se podían degustar masas de la confitería
"Del Gas" con sólo encargarlas.
El pueblo recibía artistas de jerarquía nacional e internacional.
Operas y zarzuelas eran de rigor. Compañías de teatro eran recibidas con
gran éxito, algo que habrá parecido desusado para ese entonces, aunque
para nosotros hoy parezca obvio.
Los diarios de Buenos Aires se podían leer pasado el mediodía. Los
avisos de los diarios de Chascomús estaban por igual que los comercios
zonales; las bondades de los productos que se vendían en la gran
metrópoli eran vendidas en nuestra ciudad. Desde calmantes mágicos a
polvos para curar la sama; aperitivos para abrir el apetito hasta
mosquiteros infalibles para los insectos.
El ferrocarril puso al mundo entero y moderno a manos de Chascomús.
Todo sucedía al unísono con Buenos Aires; quien no lo entendiera así,
estaba "demodee". Hasta se hablaba en usos de Francia.... de acuerdo a
las costumbres porteñas finiseculares.
No podía faltar la necesidad de alumbrar las calles. El ing. Rafael
Chinchilla logró autorización para reemplazar los vetustos faroles de
cebo, por otros modernos de gas de kerosene (según leemos en la página
21 del libro "Chascomús entre dos siglos" de la historiadora Alicia
Lahourcade). Con el alumbrado público, la ciudad fue mejorando su forma
de vida, el ferrocarril le dio una mejor comunicación, su campo y su
comercio comenzó a figurar en los planes de los hombres con inquietudes. |