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Que el F.C. era y sigue siendo UN medio de comunicación
creo que a nadie le caben dudas, merced a la ligazón que producía entre los
pueblos mediante sus paralelas de acero se estableció esta definición, lo
que posiblemente no se tenga en cuenta, o haya caído en el olvido, es que
era más de un medio de comunicación coexistiendo en sí mismo; cuando realizo
esta afirmación me sustento en que el ferrocarril llevó transporte hacia el
interior del país, garantizando de esa manera la comunicación entre los
pueblos por medio de la corrida de los distintos servicios, pero
simultáneamente aportó una forma de comunicación instantánea como lo era el
servicio telegráfico interno.
Para poder cumplir el cometido de enlazar las diferentes estaciones entre sí
con un sistema de comunicación ágil que se adelantara a los prolegómenos
propios de la circulación de los trenes, como al informe de las distintas
situaciones que por su premura no podían canalizarse burocráticamente, se
adoptó el sistema y código MORSE, invento cuya propiedad perteneció al
artista norteamericano Samuel Finley Breese MORSE – padre de las
comunicaciones – y que previamente adoptaran las empresas ferroviarias
europeas y norteamericanas, siendo que el sistema fue creado a mediados del
siglo 19 en nuestro país estuvo cumpliendo su cometido hasta mediados de la
década de 1980, mientras que se lo suprimió totalmente en las postrimerías
de la era “F.A.” en virtud a que en muchas de las estaciones del interior su
utilización tenía lugar diariamente.
La habilidad para el desempeño en esta particular manera de comunicación
binaria, a través de sonidos cortos y largos, se adquiría actuando como
“Practicante” en cada una de las líneas ferroviarias, inclusive en algunos
casos de antaño hasta se les abonaba un pequeño sueldo a los Practicantes
mientras éstos incorporaban los conocimientos inherentes a la telegrafía
como así también al manejo operativo-administrativo de las estaciones con el
fin de algún día poder actuar como “Auxiliar”.
Como lo que hace a los mecanismos y recursos técnicos del sistema y código
MORSE son muy específicos y caen más allá del interés particular de esta
página que es, obviamente, “ferrocarriles”, se tornaría tedioso el
explayarse sobre dicho tema, no obstante y para aquellos amigos que les
interese este particular me pongo a disposición para evacuar las consultas
que se encuentren a mi alcance, no teniendo más que contactarme por e-mail a
la dirección que figura al pie, que en mi condición de ex-telegrafista, ex-radioperador
radiotelegrafista marítimo y actualmente Radioaficionado, gustosamente
compartiré mis experiencias y conocimientos.
Como dije anteriormente, la adquisición de la habilidad para la comunicación
telegráfica era eminentemente cuestión de “práctica” toda vez que la parte
teórica no era más que la memorización de la composición de letras, números
y signos, mientras que el desafío radicaba en “traducir” al código lo que se
pretendía transmitir y descifrar desde el mismo lo que se nos estaba
diciendo desde la otra punta de la línea, por ello el examen que se debía
rendir para actuar como “Auxiliar” tenía varios componentes, en primer lugar
la calidad para el desciframiento, la claridad y velocidad de transmisión y
la BUENA CALIGRAFÍA, es decir buena letra, ya que las máquinas de escribir
no abundaban en las dependencias, consecuentemente la escritura de los
diversos despachos se efectuaba a mano, con “lápiz tinta” (para evitar su
borrado fraudulento) y con carbónicos “doble faz” (entintados en ambas
caras) lo que hacía que la copia que se recepcionaba con estos carbónicos
quedase impresa también en el mismo momento en el dorso del original, ello
permitía definir la autenticidad de dicha copia como si se correspondía con
su propio original o había sido adulterada; ni qué hablar los exámenes que
se debían aprobar para desempeñarse como “Telegrafista” en las distintas
centrales, tal el caso de Plaza C., Lacroze, Once, etc, etc, así como en
nudos telegráficos del interior como B.Bca, Rosario, Tucumán, Sta. Fé, G.
Pico, etc.
En los inicios el “telégrafo” fue de uso privativo e interno de las
distintas empresas, con el correr del tiempo y en función a variados
convenios, decretos y leyes el servicio que nos ocupa se abrió alcanzando al
público en general, por esa razón muchísimas localidades del interior de
nuestro país que no contaban con ningún servicio de correos ni telegráficos,
mucho menos telefónicos, encontraban garantizada su comunicación en los
hilos telegráficos de los F.F.C.C.
Dentro del variado tráfico telegráfico se cursaban telegramas internos y de
orden particular, por ello los operadores transmitían despachos solicitando
diversas comodidades para determinados trenes en fechas ciertas, otros para
solicitar vagones vacíos para carga de cereales, haciendas o distintas
mercaderías… paralelamente también pasaban telegramas de salutaciones por
cumpleaños, casamientos, nacimientos, los había de “sentido pésame” ante la
desaparición de alguien conocido, los que en su texto tenían una implícita
urgencia como “llego mañana stop esperame en la estación”, o de casos de los
que denominábamos “de gravedad” como “fulanito grave viajá urgente” o los
que menos deseábamos que decían “falleció papá te esperamos” o “falleció
mamá…” o cualquiera de esta índole que involucrara casos semejantes y
dolorosos, siendo que aunque el telegrama no hubiese sido impuesto con
categoría “urgente” (lo que duplicaba su costo) dicha preferencia se la
otorgábamos en un acuerdo mutuo nunca escrito, hablado ni reglamentado… para
los operadores era una cuestión de honor que ese despacho llegase en el
menor tiempo posible a su destinatario.
La cantidad y calidad del tráfico era muy elevada y obligaba a un alto
rendimiento constante del Telegrafista ya que de no actuarse así los
telegramas se comenzaban a demorar repercutiendo todo eso en los servicios a
los que se referían esos comunicados, los Telegrafistas teníamos una jornada
legal de 6 horas diarias y 36 semanales con 35 días de vacaciones anuales
sin importar la antigüedad, estos beneficios no eran una cuestión caprichosa
sino que respondían a diversos estudios médicos practicados a lo largo de la
historia mediante los que se comprobó la existencia de una enfermedad
profesional que se denominaba “Calambre del telegrafista”, sin que fuese
necesariamente un calambre la manifestación de la dolencia, lamentablemente
las afectaciones tenían lugar sobre el sistema nervioso central del
paciente, ello derivaba en múltiples consecuencias, siendo las más graves
ciertos casos de hemiplejia o determinadas parálisis, pérdida del control de
esfínteres, alteraciones cardíacas y/o alteraciones psíquicas; por todo ello
se buscaba prevenir estos pesares mediante una jornada más reducida y lapsos
de descanso más marcados, inclusive dentro de la jornada se contaba con 20
minutos de descanso para un refrigerio, momento en el cual muchas veces se
debía ser relevado ya que el tráfico continuaba evacuándose continuamente.
El puesto de “Telegrafista” estaba dado en las centrales telegráficas de las
líneas y en los puntos neurálgicos de comunicaciones del interior de esas
líneas ya que su única y exclusiva función era “telegrafiar”, pero no
significaba que todas las estaciones tenían asignado un “Telegrafista”; en
la medida de que el tráfico de comunicaciones lo requería en las estaciones
se podía contar con “Telegrafista” – ese era el caso de la Estación Trenque
Lauquén en el F.C.D.F. Sarmiento – si el movimiento no lo justificaba se
disponía de un “Dependendiente”, el que usualmente tenía asignada otra
función, siendo muy habitual que se tratara de “Dependiente de Telégrafo y
Encomiendas”, en otras oportunidades se le asignaba a lo mencionada también
el rubro “Boletería”, todos estos puestos se contemplaban en función a las
características propias de la estación en cuestión; específicamente en la
estación de Catriló, (Sarmiento), donde recibí la mayoría de mi formación
ferroviaria, dado a que la estación tenía un elevado movimiento de trenes,
de encomiendas, cargas, telégrafo y boletería existía un puesto que era de
Dependiente General, consecuentemente tenía a su cargo las comunicaciones
pero colaboraba con todos los demás puestos, léase Auxiliar, Boletero,
Encomiendas; en casos de menor caudal aún, el Auxiliar debía realizar la
atención telegráfica y por último en aquellas estaciones muy pequeñas donde
el personal era sumamente reducido o que se limitaba a un Jefe únicamente
éste debía proceder a telegrafiar.
Como en todo ámbito laboral ocurrían situaciones de variada índole,
transformándose muchas veces en anecdóticas, justamente éste fue el caso de
la que más abajo relato titulada “Los Muchachos de Antes No Usaban Gomina”,
debo destacar que este relato es un fragmento de una publicación de mi
autoría y que vio la luz en el boletín llamado “Radiofrecuencia” que edita
el “Grupo Argentino de C.W.”, entidad que nos agrupa a los Radioaficionados
que nos dedicamos al modo de comunicación denominado “Radiotelegrafía” o más
comúnmente “C.W.”, al mismo le efectué una pequeña adaptación para eliminar
tecnicismos que no guardan relación con la materia ferroviaria, espero les
agrade…
LOS MUCHACHOS DE ANTES NO USABAN
GOMINA. . .
No fueron pocas las ocasiones en que hubo entuertos y pugilatos como también
situaciones comiquísimas; recuerdo aquella oportunidad en que don Huguet,
muy buena persona pero de un carácter terrible mientras operaba, trabajando
en el turno tarde en Trenque Lauquén discutió muy feo con Don Carlos
Trinchery que operaba en Quemú Quemú, y no fueron flores las que se
prodigaron justamente; Trinchery, hombre temperamental, tomó su moto y
emprendió los 125 kms. que los separaban vía Catriló ya que de esa manera
los haría totalmente por asfalto, mientras que en línea recta el camino era
de tierra.
Al arribo al cruce de ruta Nac.5 y ruta Prov. 1 en Catriló, Don Carlos debía
girar 90 grados hacia el Este, con su embale y la velocidad que traía no vió
que había arena arrojada por el viento sobre el pavimento y fue a dar con la
Gilera 200 y sus huesos a unos 30 o 40 metros, ya casi sobre los alambrados
de los campos; afortunadamente no circulaba ningún automotor en dicho
momento… pero lejos de enfriarse se "estufó" el doble, recompuso la moto y
prosiguió hacia T. Lauquén, claro que con una demora extra, a fin de hacerle
la pelea a Huguet…
Arribó a su autoimpuesto destino ya entrada la nochecita, se apersonó en la
Estación y encontró dos personas que estaban prendiendo fuego en la parte
trasera del edificio ferroviario a efectos de cocinar un asado, interrogó
por el telegrafista y le informaron que se había retirado a su domicilio ya
que su turno finalizó largo rato antes; visto el interés que Trinchery
demostraba por conocer el domicilio de Huguet y su estado alterado los dos
ferroviarios asadores le preguntaron a qué se debía tal condición, por lo
que Don Carlos procedió a contarles detalladamente lo sucedido y que quería
tenerlo en frente para decirle que era un tal por cual y de paso enseñarle
cuántos pares son tres botas (claro que con otro vocabulario); ante esto los
"ferro-asadores" le dijeron que no se preocupara, que Huguet era un mal
nacido, que era habitual que llegaran colegas de otras partes a pelearlo,
que le habían roto varias veces la trompa, que no valía la pena ensuciarse
en pegarle a una persona de esa calaña, que seguramente si iba a la casa no
iba a salir a enfrentarlo, etc. etc. mientras que lo invitaban compartir el
asado que estaban preparando.
La gente tanto insistió en que Trinchery se quedara a comer, que visto la
hora que era no se iba a ir así, que a Quemú llegaría de madrugada y sin
cenar, fue que Don Carlos aceptó; cuando los chorizos y la carne estuvieron
a punto se sentaron los asadores, Don Carlos, el encargado de boletería y el
Auxiliar a cenar opíparamente, todo bien regado y con una afable y amistosa
charla pletórica de anécdotas e historias ferroviarias, cuentos verdes y no
tanto, hasta que al final, cuando Don Carlos se preparaba para emprender la
vuelta, uno de los "ferro-asadores" que lo había recibido a su llegada le
dijo: "debo confesarte algo, YO SOY HUGUET..." a esa altura nada quedaba de
la bronca inicial, menos aún viendo la calidad de persona que demostró ser a
lo largo de la cena, por lo que Huguet y Trinchery terminaron abrazados
riéndose junto a los otros colegas por todo el suceso y por la aterrizada
con la moto cuando pisó la arena, para quedar amigos por siempre.-
Paralelamente a la anécdota que acabo de describir, la que se viera generada
en la vorágine del tráfico telegráfico y la especial condición de levantar
temperatura fácilmente de ambos protagonistas, hubo otras deliberadas y con
espíritu bromístico, alguna de ellas que no tienen desperdicio... si no
fíjense en este otro fragmento de la misma publicación y autoría que el
anterior:
DE PARTE DE LEÓN. . .
Los hilos telegráficos se podían "cruzar", es decir se conmutaban en un
tablero con clavijas difícil de describir en este momento, ello permitía
"ir" hasta una Estación por un hilo y merced a ese "cruce" seguir por otro;
a manera de ejemplo citaré algo que me permitió "ver" la demora de la
corriente eléctrica en la distancia, en una oportunidad yo estaba llamando
por el hilo número 11 a Gral. Pico y aparentemente ese hilo en Pico estaba
"cruzado" con otro hasta Estación Cuenca - el pueblo se llama Tres
Algarrobos - mientras que allí había efectuado otro cruce con el hilo 34 que
venía para Once, eso hacía que mi llamada retornara y la escuchara sobre un
aparato telegráfico ubicado a dos metros del mío con un desfasaje en tiempo
infinitesimal debido al recorrido de aproximadamente 1300 kms. que era
claramente perceptible al oído.
Esos cruces, que originalmente estaban diseñados previendo inconvenientes
técnicos y como vías alternativas de comunicación, permitían muchas veces
elaborar bromas que quedaron en la memoria. Según cuenta la historia fue
Amadeo Lucas Carro - hombre de gastar bromas de diverso contenido - en una
oportunidad llamó por su hilo a Estación Lincoln y le pidió el cruce con
otro hilo que volvía para Once y que finalizaba sobre el aparato de Don
Eduardo A. Meda - sujeto de pocas pulgas - y comenzó a llamar, cuando Meda
lo atiende se identifica como Estación Suipacha y le dice si le podía hacer
un "PF" (PF era abreviatura de “por favor” se utilizaba para pedir una
“gauchada”) a lo que Don Eduardo, convencido de que era la Estación Suipacha
y que le estaban pidiendo un favor, accede gentilmente; Amadeo Carro le pasa
un número de T.E. y le dice que averigue de parte de León cómo anda la
señora; Meda va a la oficina del Jefe ya que era la única que tenía línea
con salida al exterior, pide tono, disca, lo atienden, pasa el mensaje y le
dicen que "estaba equivocado", nuevamente pide tono, disca, lo atienden,
pasa el mensaje y otra vez le informan "que estaba equivocado", por tercera
vez Meda repite la operación y cuando lo atiende la misma persona lo
interroga sobre el número con que quería hablar, Meda le informa a la
persona y ésta le dice: "el número es correcto, pero sabe con qué lugar está
hablando..?" Meda le dice que no sabía entonces la persona le manifiesta "Ud.
está hablando con el Zoológico..."
Mientras duró este trámite, Carro que era el autor de la felonía, llamó a
Lincoln y ordenó que "descruzaran" los hilos y se quedó apreciando como se
desenvolvían los hechos y fue así que lo vio pasar a Meda echando mas humo
que una manicera rumbo al aparato telegráfico… instantes después sonó
el teléfono del Encargado de Turno, era el Jefe de Estación Suipacha
interrogando sobre lo que le pasaba al Telegrafista de Once que no paraba de
proferir insultos por telegrafía y que no lograban entender que era lo que
le sucedía...
Obviamente que no todas eran rosas en este particular ámbito, lo que acabo
de contar fue un instante de descontracturación – menos para Meda – y en un
marco de intenso trabajo en el cual se produjo un remanso, el resto del
tiempo consistía en machacar en Morse continuamente, lo que en mi caso
particular me resultaba sumamente agradable al ser una actividad que se
podía catalogar prácticamente de artística al operarse un medio
estrictamente manual; tengo presente una oportunidad en que me encontraba en
Once relevando en el puesto de Encargado de Telégrafo en el turno de 16:00 a
22:00 horas, momento en que la central se cerraba hasta el día siguiente,
mientras que entre las 20:00 y las 22:00 quedaba como único Telegrafista con
la compañía de un Dependiente Clasificador y un Mensajero; siendo las 21:00
hs. se apersona un Mensajero de la sucursal 3 del Correo Nacional que tenía
asiento en Pueyrredón y Cangallo y me dice que traía un telegrama de
fallecimiento para ser reexpedido hacia Gral. San Martín (La Pampa) - donde
no había sucursal de EnCoTel - ramal que poco tiempo antes había sido
anexado al Sarmiento al desprenderse del Roca… como aún no contábamos con
los horarios de apertura y clausura de dichas estaciones al ser nuevas en
nuestra línea me comuniqué con el P.C.Z. Pico (antes denominado “Control
Trenes”) quien me informó que clausuraba entre las 20:00 y las 04:00 horas…
el encaminamiento del despacho era Telégrafo Once a T. Lauquén y ésta que
era la retransmisora hacia Gral. San Martín, pero en T. Lauquén el
Telegrafista dejaba servicio a las 19:00 hs., consecuentemente quien debía
atender Telégrafo era el Auxiliar de turno… afortunadamente yo era conocedor
del movimiento de las estaciones de toda esa zona gracias a mi formación
ferroviaria en Catriló, ello me permitía intuir que el Auxiliar estaría
abocado al servicio de trenes, incluyendo la pasada del pasajero hacia Once
rato después, lo que haría que prácticamente ni escuchase la llamada mía
considerando que la Oficina de Auxiliares y la de Telégrafo se hallaban
separadas físicamente; visto el panorama y que la cosa venía brava le
solicité a Catriló que me “cruzara” con el hilo que se dirigía hacia San
Martín, abrigando la esperanza de que pese a estar clausurada tal vez el
Jefe escuchara la insistencia del llamado… luego de llamar largo rato y de
no tener resultado comencé a agregar en mis llamadas a otras estaciones
vecinas a San Martín, las que si bien también cerraban de noche especulaba
que alguno de los Jefes y/o Auxiliares atinara a pasar por allí… tanta
insistencia dió sus frutos, me contestó Jacinto ARAUZ cuyo Jefe aprovechando
la agradable noche caminaba por al andén, y aunque estaba la oficina cerrada
gracias a la tranquilidad pueblerina escuchó la llamada, así fue que le
adelanté el texto y el destinatario del despacho para que a su vez se lo
alcanzara a la Policía de J. Aráuz y ésta se lo pasara a sus colegas de San
Martín, quienes en definitiva llevarían el mensaje al destinatario; mientras
se desarrollaba este trámite excepcional el Jefe de Estación BERNASCONI,
vecina a San Martín, tomó nota del suceso y arbitró por su parte medios
similares para actuar como alternativa en el hipotético caso de que la
colaboración de J. Aráuz resultara infructuosa… y cosas de pueblo, cuando
rato después volví a contactar con el Jefe de Aráuz confirmándome que la
gestión había tenido éxito, apareció el Jefe de Libertador Gral. San Martín,
lugar de destino de esta cuestión, el que habiendo escuchado el inusual y
activo tráfico telegráfico a esas horas de la noche se acercó por curiosidad
a la oficina, percatándose que todo giraba alrededor de su localidad, a esa
altura de los acontecimientos se le adelantó nuevamente destinatario y texto
para que lo acercara a su destino, lugar muy próximo a la estación, lo que
así hizo coincidiendo prácticamente con el arribo de la policía local que
llevaba mismo cometido… el curso oficial del despacho por su vía
reglamentaria fue dejado para el día siguiente ya que la urgencia había sido
evacuada, pero la satisfacción del deber cumplido y la tranquilidad de
conciencia no tenían precio, tanto para mi persona como para los demás
intervinientes en esta ocasión, la que no fue única sino que con cierta
regularidad se producían… siendo que mi horario había finalizado a las 22:00
el cierre de la central lo hice a las 00:30 horas, es decir dos horas y
media después de mi obligación, horas extras no se abonaban, tampoco había
“compensación, no importaba, mi premio radicaba en la realización del logro
y en la colaboración puesta de manifiesto por los actuantes en la urgencia…
Relatos anecdotarios aparte, la metodología de enlaces entre los diferentes
servicios era muy interesante, claro que en algunas oportunidades la sana
ignorancia del público usuario hacía que los tráficos se demoraran
innecesariamente, esto tenía lugar con los destinos que no eran alcanzados
por EnCoTel y seguían su curso por el F.C., a qué me refiero?, veámoslo
mejor con un ejemplo práctico: en la localidad de Relmo/La Pampa, distante a
unos 15 kms. de Catriló, el correo nacional no tenía sucursal mientras que
en Catriló había una oficina postal y telegráfica, entonces si un usuario
imponía un telegrama en Catriló con destino a Relmo dicho despacho seguía el
encaminamiento que describo = el correo de Catriló lo transmitía al correo
de Santa Rosa, Santa Rosa lo retransmitía al correo central en Capital
Federal, el correo central hacía lo propio hacia la sucursal 3 de Once, la
misma una vez recibido lo llevaba en mano a la Oficina de Telégrafo Once del
F.C. Sarmiento, una vez obtenido se lo reclasificaba y se lo transmitía A
CATRILO y Catriló se lo daba a su destino final Relmo...como puede
apreciarse el despacho daba una vuelta inmensa hasta alcanzar su meta varias
horas después... ahora si el usuario impositor del telegrama en lugar de
concurrir a la oficina de correos, ubicada a tres cuadras de la estación de
Catriló, lo hacía directamente al F.C. su telegrama en 10 o 15 minutos se
encontraba en destino ahorrándose todo el tiempo extra, claro que siempre en
base a las características de los pueblos pequeños los empleados del correo
le indicaban las ventajas al desprevenido usuario para que impusiera el
telegrama en la estación, pero en definitiva los procedimientos eran los
indicados.
Si bien la telegrafía tenía su objetivo en el tráfico de las comunicaciones
de los telegramas, también su uso era primordial en lo relacionado a la
corrida de los trenes puesto que en aquellos lugares en que las secciones de
bloqueo no se hallaban custodiadas por el sistema de Palo Staff o similares,
o en ocasión de la clausura horaria de estaciones en que se corría con “Vía
Libre Larga” o “Vía Libre Precaución” (detesto particularmente la actual
denominación de “AUV” en lugar de la de “Vía Libre”), el permiso de
circulación era de orden telegráfico; en el caso del F.C.O., posteriormente
Sarmiento, desde sus inicios tuvo en todo su tendido el uso de la “V.L.”
telegráfica, para esos menesteres en todas las estaciones desde Once a Toay
y en todos los ramales, había, por lo menos, un aparato telegráfico de los
denominados “RITA”, apodo proveniente de la deformación al castellano de la
palabra inglesa “WRITE”, o sea “escribir”; estos aparatos tenían adosada a
la parte receptora un mecanismo de relojería construido en bronce de
manufactura espectacular, dicho mecanismo era movilizado a cuerda como los
antiguos despertadores y al ser accionado arrastraba un delgada cinta de
papel en la que a su paso se iban imprimiendo los “puntos y rayas” del
código Morse que conformaban el mensaje de confirmación de que la vía se
hallaba expedita y que era transmitido por la estación concedente de la vía
libre, esos caracteres se imprimían gracias al accionar de una pequeña rueda
que giraba movida por la citada cuerda y al estar en contacto con un
tinterito dejaba su traza sobre la cinta cada vez que el ”sonador” (parte
“receptora” del aparato) subía o bajaba atraído por el electroimán
respectivo; la cinta impresa que quedaba luego de la recepción de la “V.L.”
se debía pegar con cola al telegrama de vía libre que se le entregaba al
Maquinista del convoy, actuando esta cinta como garantía de que el trámite
se había cumplido en forma reglamentaria... posterior a la salida del tren
se cursaba el aviso de “ST” (“salida tren”) a la estación hacia la que se
dirigía y cuando éste arribaba a la misma aquella nos daba el horario de
arribo, por supuesto que todo en forma telegráfica... si bien el P.C.Z. que
regía la zona tenía para sus tareas el famoso “teléfono train”, en los
albores cuando dicho T.E. aún no había sido instalado la regulación de la
marcha de los trenes se hacía por telegrafía, de igual manera cuando se
producían fallas en esos sistemas telefónicos la reserva de comunicación
estaba dada en la telegrafía, motivo por el cual los operadores de los P.C.Z.
también debían tener grandes condiciones para el uso del sistema MORSE.
Cuando titulé este anecdotario lo hice utópicamente ubicando entre signos de
pregunta la condición de que si el F.C. era UN medio de comunicación, como
se vió el ferrocarril no era UN medio de comunicación sino varios medios a
la vez, con prescindencia de los relatos específicos todo aquél que haya
tenido la oportunidad de desempeñarse en una oficina de Estación de F.C. –
fuese la línea que fuese – en esos tiempos sabe que la función social que se
cumplía era mucho más amplia que la que figuraba en las leyes, normas y en
el R.I.T.O. en general, en más de una oportunidad fue un aparato telegráfico
ferroviario el que condujo una solicitud de ayuda médica desde un pueblo que
carecía hasta de sala de primeros auxilios, por allí se tomó nota de la
urgencia de conseguir un medicamento, se concurrió en busca de alguien que
había quedado varado por diversas razones, se alcanzaron provisiones a
campesinos carentes de medios de movilidad, se acercaron los diarios del día
a bordo de un furgón de cola de un carguero ya que los caminos estaban
intransitables para los camiones (si sabrán de este aspecto los habituales
lectores de “La Nación” en Villa Maza/Pvcia. de Bs. Aires a los que si en
Catriló no les hacíamos la gauchada de pedirle a los Guardas de los cargas
que se los llevaran los mismos se les amontonaban en nuestro pueblo ya que
los distribuidores se desentendían ... el “precio” del favor era la lectura
de “ojito” de los diarios en la estación de Catriló mientras aguardaba la
salida del carguero y posteriormente algo similar por el Guarda), en fin, un
abanico de funciones sociales de las que en este momento me olvido de
muchas, funciones sociales que al momento de bajarle el pulgar a los F.F.C.C.
los craneotecos de turno no tuvieron en cuenta, en forma deliberada o por su
aberrante ignorancia; hoy en día pareciera que las brasas del hogar de
alguna vaporera todavía guardan temperatura como para abrigar esperanzas de
volver a tener nuestros ferrocarriles, claro que alcanzar la dimensión de
otrora es una tarea titánica, la que, ojalá, se pueda cumplir, igualmente
creo que ya no sería igual...
Espero no haber sido de digestión pesada en la descripción de esta
característica tan particular del quehacer ferroviario, mis deseos eran
poder compartir mínimamente las sensaciones de entonces con ustedes,
personas que tienen un sentimiento idéntico al mío con relación a lo que
fueran nuestros FFCC, confío en haberlo logrado y si así no lo fue les pido
disculpas por mi carencia de persuasión.
Mario Antonio LORENZO TOGNO
LU5EE
Moreno/Bs. As.
lu5ee_sup@yahoo.com.ar |