Historia del Ferrocarril 

 Museo del ferrocarril 
de asturias

 
El 22 de octubre de 1998, con la presencia del Príncipe de Asturias, don Felipe de Borbón, quedaba inaugurado el Museo del Ferrocarril de Asturias.

 

A la inauguración oficial asistieron además el presidente del Principado, Sergio Marqués, el alcalde de Gijón, Vicente Alvarez Areces y naturalmente Javier Fernández, Director. Entre los invitados al acto encontramos a Juanjo Olaizola, su colega del Museo de Azpeitia.
Desde días antes, unos pocos socios de la Asociación Ferroviaria Jarama estuvimos echando una manita, disfrutando al tiempo del Museo, que no veíamos desde hace aproximadamente un año y compadeciendo a Javier, Pepe y Pachi, a quienes si los días anteriores a la inauguración no les dio un infarto, ya no les dará nunca. No se me olvidará la imagen de Javier atendiendo a varias
personas al tiempo, resolviendo dudas y esos problemas que parece que se tuercen en el último momento, aguantando mis preguntas y hablando por dos teléfonos móviles a la vez. Pero el ambiente de ilusión y colaboración entre todos: empleados del Museo, Amigos del Ferrocarril allí presentes, voluntarios, alumnos y monitores de las escuelas taller, trabajadores de empresas encargadas de la puesta a punto de los últimos toques, sirvió para que el día de la inauguración saliera todo a las mil maravillas.
EL DIRECTOR
Se que estas líneas no le van a gustar a Javier, pero quiero hacer público homenaje a una persona honesta y trabajadora como pocas he conocido, que desde unos lejanos artículos escritos en la revista "Amigo Tren" hace ya 17 años, unió su pasión, la pasión que todos sentimos por el tren, a una decidida política de preservación primero y conservación después del patrimonio ferroviario asturiano. Cuando aún no era mas que un aficionado, fundador de la primera Asociación de Amigos del Ferrocarril de Asturias, ya andaba haciendo un inventario de, nunca mejor dicho, "piezas de Museo" ferroviarias. Se que uno de los peores días de su vida ha sido aquel en que no llegó a tiempo, con un documento de Hunosa en las manos, para salvar la locomotora "Don Pelayo" convertida ante sus ojos en un montón de hierros aún humeantes. Acaso aquello haya influido inconscientemente para que la "Várela de Montes", una hermana de la "Don Pelayo", sea una de las estrellas de la colección. Y estoy seguro que algún día la volveremos a ver andando. Como decía, Javier, peleó lo indecible para convencer a los poderes públicos asturianos de la necesidad, por un lado de conservar el patrimonio y por otro de las posibilidades turísticas que ese mismo patrimonio ofrecía.
Por fin, en 1990, el Ayuntamiento de Gijón, a través de la Fundación de
Cultura Popular se hizo cargo de la iniciativa y, en los alrededores de la antigua estación del Norte comenzó a reunir una colección de vehículos ferroviarios. Javier, junto con otros amigos del ferrocarril asturianos, en especial Pepe Santamaría y Pedro Catrain continuó inventariando material digno de ser expuesto o al menos conservado en un Museo. Digamos de paso que a nuestro amigo le dio tiempo a publicar un libro sobre el Ferrocarril de La Robla que figura en casi todas las bibliotecas de Asociaciones, a dar conferencias, hacer estudios sobre el tema y hasta acabar la carrera de derecho. Sus conocimientos sobre el ferrocarril no acaban, como es el caso de la mayoría de los aficionados, en locomotoras grandes o coches y vagones de campanillas; posiblemente Javier sea uno de mayores conocedores de España en todo lo relativo a material de minas. El caso es que cuando el Ayuntamiento decide dotar al Museo de una dirección profesional para que definitivamente se consolide, convoca unas oposiciones (nada de dedo) y Javier las gana. Desde ese momento se inicia una carrera de fondo, sin prisas pero sin pausas, para crear lo que definitivamente ve la luz el 22 de octubre de 1998.
 
 

Recuerdos de antiguas compañías

Distintos tipos de faroles 

Colección de placas

Teléfonos de ferrocarril

 
  EL MUSEO
Y lo que ve la luz es esto: 17.000 metros cuadrados de superficie, una colección de mas de mil piezas de las cuales un centenar son material móvil, entre ellas veintitrés vehículos de vapor, carriles, traviesas, tirafondos, telégrafos, teléfonos, centralitas, llaves, bates, tornos, taladros, faroles, señales, banderines, petardos, silbatos, campanas, relojes, compostores, imprentas de billetes (y puedo dar fe que funcionan), gatos, marmitas, aceiteras, placas, rótulos, marquesas, botiquines, anuncios, folletos, etc...
El Museo nació así: Asturias había vivido hasta mediados del siglo XIX
aislada geográficamente, la necesidad de dar salida al mercado de los productos de la minería y la naciente industria siderometalúrgica propiciaron el trazado de ferrocarriles que cumplieran ese cometido. A la vez las gentes y con ellas las ideas viajaron también. El ferrocarril, así, permitía la interrelación asturiana y del Principado con la meseta, barrera casi infranqueable hasta entonces. Al calor de las minas y los valles mineros, la red ferroviaria se hacía mas tupida y diversa. Con el tiempo aquellos primeros trenes se modernizaron o permanecieron casi congelados en el pasado; pero las crisis industriales y mineras de los años 70 y 80 los cerraban y su material de todo tipo en buena medida desaparecía con las empresas que los mantuvieron. Es en este momento cuando surge entre los "aficionados" (y entrecomillo para resaltar como a veces éste termino se emplea con un sentido peyorativo e injusto) la preocupación por el patrimonio que se perdía. Afortunadamente, en 1990 el Ayuntamiento de Gijón acoge esta inquietud, elaborando un plan inicial de desarrollo del futuro Museo. 
 
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MUSEO DEL FERROCARRIL DE ASTURIAS

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