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Fue un 10 de agosto, el mismo
día que San Lorenzo murió martirizado en el año 258. Por eso el rey de
España Felipe II atribuyó a la protección del santo la victoria de sus
tropas sobre las francesas en la batalla de San Quintín. En su honor,
mandó a construir el edificio más grande de su época.
Lo concibió como templo, palacio, monasterio de monjes, biblioteca, centro de estudios y panteón. La primera piedra fue colocada en 1563. Veintiún años más tarde estaba terminado el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial con 4.000 habitaciones, 2.673 ventanas, 86 escaleras, 73 estatuas, 88 fuentes y 1.250 puertas. Ubicado en la sierra de Guadarrama, en el centro geográfico de la Península, hoy levanta su majestuoso perfil de granito y tejados de pizarra entre pinares. El Escorial es un clásico que ningún turista que elige España deja de visitar. Pero, más allá de este excepcional conjunto arquitectónico, la monarquía tiene un interesante patrimonio que vale la pena recorrer. Sin salir de Madrid, con dos horas alcanza para conocer el Palacio Real frente a la Plaza de Oriente y a tan sólo una hora de tren, se puede ver el de Aranjuez. Felipe II, hijo del emperador Carlos I, bisnieto de los reyes católicos, fue el monarca que en 1561 .trasladó la corte desde Toledo a Madrid e hizo de una pequeña villa, una ciudad. Ferviente creyente. El Escorial refleja esa devoción: su forma rectangular recuerda la parrilla donde fue torturado San Lorenzo. El predominio de líneas rectas, la sobriedad y las fachadas desnudas buscaban dar una impresión de austeridad, equilibrio y armonía. El recorrido empieza por el Patio de los Reyes y luego por la Basílica que, en realidad, tiene dos iglesias: la que frecuentaba el pueblo (el sotacoro) y la Real. A los costados del retablo mayor, los cenotafios (monumentos funerarios) de Carlos I y de Felipe II. Las pequeñas puertas que están abajo comunican directamente a los oratorios, inmediatos a los dormitorios: el rey prácticamente dormía debajo de la iglesia y para rezar sólo debía caminar unos pasos desde su cama hasta el altar. Después de visitar las habitaciones, una angosta escalera lleva al impresionante panteón, un espacio circular subterráneo, cubierto de mármoles y bronces, donde están enterrados los reyes y las reinas madres de reyes. Si bien el monasterio, conducido desde 1875 por los agustinos, tiene el acceso prohibido a los turistas, sí pueden conocerse las salas capitulares, auténticas gaterías de pintura religiosa; la biblioteca, que Felipe II soñó como más importante que la del Vaticano y hoy guarda 40.000 volúmenes y el museo de Arte con una colección de tapices flamencos y el famoso cuadro El martirio de San Mauricio de El Greco. Concierto de Aranjuez Así como El Escorial era un modelo artístico, Aranjuez lo fue en cuanto a belleza natural. El mismo rey, con el mismo equipo de arquitectos, denominó "sitio real" a una zona al sur de Madrid que integraba un palacio de fines del siglo XIV y un bosque. Desterró a los Vecinos que no eran criados de la realeza y los mejores paisajistas europeos reformaron los jardines con flores, estatuas y fuentes. Pero ese palacio sufrió incendios en el siglo XVII y Felipe V comenzó las obras del actual Real Palacio de Aranjuez en 1717. Su sucesor. Femando VI, lo transformó en un sino esplendoroso donde pasar la primavera. Hizo derribar las casuchas de barro que lo rodeaban y levantó una verdadera dudad barroca. La visita en Aranjuez es guiada. Primero, las habitaciones de la reina: la sala de guardias, la saleta, la antecámara de música, la cámara, el oratorio, todos decorados como en el siglo XVIII. Tapizado de rojo, el salón del trono es un anticipo del asombro que genera el gabinete de porcelana, una habitación con las paredes y el techo totalmente cubiertos de porcelanas en relieve, realizada por Giuseppe Gricci en la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro de Madrid. Un mundo de hojas, frutas, monos, árboles exóticos, figuras orientales y fantásticas en ocres y verdes. Antes de lanzarse a recorrer los jardines -todo el tiempo suena el famosísimo concierto para guitarra y orquesta que escribió en 1939 el compositor Joaquín Rodrigo-, conviene pasar por el Museo de la vida en Palacio, con piezas que escriben la cotidianeidad en las residencias reales. |
El Palacio Real de Madrid
también se levanta sobre las cenizas de un antiguo alcázar que se
incendió en la nochebuena de 1734. Y también fue Felipe V, el primer
Borbón, el encargado de construirlo en 1738, todo de piedra y ladrillo
para evitar los ataques del fuego. Hay que detenerse a ver la Eneida
pintada en el techo del salón de alabarderos (guardias) por Giovanni
Battista Tiepolo. Y, en la antecámara, los cuatro retratos de Goya. PASEOS |
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Fuente: Clarín Viajes & Turismo, domingo 26 de agosto de 2001 |
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