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ÁMSTERDAM.- Parece que
los holandeses no tienen nada que ocultar. Tanto en ciudades circunspectas
como La Haya y pueblos descontracturados como Edam, los Países Bajos
tienen la costumbre de mostrarlo todo: las conspicuas ventanas abiertas de
los barrios rojos consagrados al oficio más antiguo del mundo corren
parejas con el hábito de vivir la vida privada, con las cortinas de las
ventanas también abiertas de par en par. Además de las trece ciudades
holandesas que convirtieron la prostitución en un atractivo turístico
diurno y nocturno, en ningún lugar de Europa se ve semejante cosa.
Para tener una idea, sólo en Ámsterdam, entre la oferta callejera y los
ventanales al rojo vivo suman 505 los puntos de oferta prostibularia,
distribuidos en tres zonas y 34 calles. Siempre se dijo que en Ámsterdam
había un único Barrio Rojo. En realidad, son tres los domicilios laborales
de algunas señoritas, mayoritariamente extranjeras, que prefieren
exhibirse con más lencería que erotismo detrás de unos ventanales
alumbrados por una característica luz roja. Cada vez que un cliente paga
50 euros por su oferta de amor fugaz, una cortina de tela se cierra
discretamente para ocultar lo que ocurre detrás.
La iglesia cierra las puertas
Entre la estación central y la plaza Dam, la zona más caliente de
Amsterdam se encuentra en los alrededores de Oude Kerk, la iglesia más
antigua de la ciudad que cierra decorosamente sus puertas a las 17 para no
ser testigo de tanto desacato. Los súbditos de Máxima bautizaron Walletjes
o Wallen a este circuito estrecho del amor al paso, encerrado entre dos de
los canales más antiguos de Amsterdam, Oudezijds Achterburgwal y
Oudezeijds Voorburgwal, y entre la calle Warmoesstraat y el Nieuwmarkt.
El recorrido turístico puede iniciarse en la tumultuosa Central Station,
siguiendo a la izquierda el cartel que indica Waterlooplein. Así se llega
a la calle Zeedijk, hoy zona de animados restaurantes, y antiguo corazón
portuario de la Amsterdam medieval, cuando la ciudad sólo era una red de
canales conectados con pequeñas calles como ésta, donde proliferaron los
primeros bares y lupanares que entretenían a los marineros errantes.
Primeras imágenes
En Zeedijk 1 encontrará T´Aepgen, uno de los dos bares del siglo XVI,
completamente de madera, que sobrevivieron a los frecuentes incendios de
otros tiempos. En Geldersekade tendrá las primeras imágenes de ventanas
abiertas a la prostitución.
El distrito rojo es una grotesca mise en scene para el turismo, un
espectáculo de luces y escaso sentido estético, del que los lugareños no
toman parte.
La primera callecita tiene siete ventanas que alojan chicas sudamericanas.
A pocos metros, la estrecha Mollensteeg marca el umbral del Red District.
La mayoría de estas ventanitas está ocupada por mujeres africanas y
caucásicas que llaman a los transeúntes. Siguiendo un poco más se llega a
Gordijnensteeg, que fue apodada el pasaje del blue jeans por una
prostituta que había reemplazado por unos blue jeans el característico
bikini erótico. Viendo su éxito, las otras terminaron imitándola.
Para interiorizarse de los secretos de las mujeres tailandesas, tómese
Barndesteeg. Sin cambiar el rumbo hacia el Oeste, al cruzar el segundo
puente se desemboca en Sint Jinsstraat, donde hay más africanas
persistentes ofreciendo Viagra y otros imanes.
Ya se encuentra en el corazón de Oude Kirk, donde dos callecitas tienen
fama de albergar a las mujeres más lindas del Walletjes.
Los otros dos barrios con chicas al rojo vivo son más pequeños que el
anterior. Uno de ellos se expande en los alrededores del Singel, sobre
todo en la calle Spuistraat. El tercero está detrás del célebre
Rijsksmuseum, sobre Ruysdaelkade, una pequeña calle separada por un canal
de la avenida Hobbemakade.
Año tras año, el distrito rojo sale de cauce y sigue expandiéndose con
afán turístico. Sin embargo, ese folklore dista de representar la flema
holandesa. Los sucesores de Rembrandt aman las luces y las sombras, la
vida y el sexo, pero no exponen sus deseos bajo las lucecitas rojas de
esos tres barrios. Mónica Martin |
A pagar impuestos
Una actividad que tiene muchos siglos
El sexo pago existe y es tolerado desde hace varios siglos en Holanda,
pero sólo en 1996 se obligó a las prostitutas a pagar impuestos a cambio
de una mejora en sus condiciones laborales. En 1994, Mariska Majoor, una
ex prostituta de 21 años con cinco intensas temporadas en el barrio,
abandonó la profesión y en el número 3 de la calle Enge Kerksteeg, en
Amsterdam, creó el Prostitution Information Center (PIC) para recibir a
los turistas que quieren interiorizarse sobre el tema a cambio de una
recompensa monetaria. Ahora ofrece servicios sólo informativos. Su centro
abre martes, miércoles, viernes y sábados, de 12 a 19. (00 31-20 420
7328).
Son 13 las ciudades holandesas que ofrecen sexo a través de los
ventanales: Alkmaar, Amsterdam, Arnheim, La Haya, Deventer, Eindhoven,
Groningen, Haarlem, Heerlen, Leeuwarden, Nijmegen, Rotterdam y Utrecht.
En Amsterdam, las de mayor
oferta y demanda son:
- Oudezijds Achterburgwal
(con 104 sitios)
- Oudekerksplein (32)
- Ruysdaelkade (31)
- Spuistraat (28)
- Molensteeg (25)
- Stoofsteeg (23)
- Oude Nieuwstraat (22),
entre otras que pueden recorrerse en auto.
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Bajo la luz roja de las vidrieras, señoritas de todas partes del
mundo se muestran a los visitantes -
Foto: Bill Clark |
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