EL FERROCARRIL CORSO DE VÍA ESTRECHA

CALVI - BASTIA - AJACCIO


Un viaje en una línea ferroviaria de 100 años de antigüedad, en el que uno se enfrenta a los extremados contrastes del paisaje de la "Isla perfumada". Playas y plantas exóticas rodean la costa, y unas inquietantes montañas encierran un interior inhóspito.


Hay algo en los trenes de Córcega que puede decepcionar a simple vista a los aficionados al ferrocarril: el material móvil es bastante mediocre. Desde luego, hoy en día nadie espera ver aquellas locomotoras Mallet 0-4-0+0-4-0 que solían ir de Bastia a Ajaccio en seis horas; pero tal vez sí se podría esperar algo un poco más romántico de estos ferrocarriles, con más de 100 años de existencia en esta bella isla mediterránea, que los eficientes Automotores Diesel actuales. Los habitantes de la "Isla perfumada" lo ven sin duda de una manera diferente. Probablemente, porque ellos han defendido ardientemente su ferrocarril durante décadas contra los teóricos, tienen, sin duda, derecho a vehículos confortables, que los puedan trasladar de un extremo a otro de la línea en poco más de tres horas.


La ciudadela de Calvi constituye una panorámica imponente, iluminada por el sol vespertino. A Calvi se llega directamente en avión, o bien en ferry desde Francia.


La construcción del ferrocarril

Córcega es una isla muy montañosa; la población está concentrada en la costa, siendo Corte la única ciudad del interior. Así es que el terreno constituyó un reto considerable para los ingenieros ferroviarios del siglo XIX. El resultado es un itinerario emocionante y un paisaje maravilloso.
E1 diseño del sistema es sencillo y comprende dos líneas. La línea principal de 158 km cruza en diagonal la isla, desde el principal centro comercial, Bastia, al noreste, hasta la capital, Ajaccio, en el sudoeste. Hay también una línea secundaria de 72 km que parte de Ponte Leccia, 47 km al sur de Bastia, se dirige a la costa noroeste y termina en Calvi. Existía una tercera línea que circulaba por la costa este, pero fue destruida por el ejército del Eje en retirada, hacia finales de la Segunda Guerra Mundial, y nunca fue reconstruida.
El Estado fue quien construyó el ferrocarril. La construcción de la línea principal comenzó por ambos extremos y se inauguró por periodos desde 1888 a 1894. Los últimos 15 kilómetros, entre Corte y Vivario, tardaron más de 2 años en construirse. El ramal a Calvi se completó en 1890.


Propietarios y servicios

En 1983, tras varios cambios de propietario, el sistema pasó a integrarse en SNCF, aunque, hoy día, la mayor parte del material móvil tiene aún el distintivo original, marrón y crema, de los ferrocarriles corsos (Chemins de Fer Corse/CFC). El sistema tiene ancho métrico y, a excepción de los apartaderos en raqueta en algunas estaciones, es totalmente de vía única. Los servicios están centralizados en Bastia, desde donde hay cuatro trenes diarios a Ajaccio en cada sentido, y dos a Calvi. Los trenes tienen un horario planificado, de modo que los viajeros de Calvi a Ajaccio y viceversa puedan hacer las conexiones convenientes en Ponte Leccia. Además, hay trenes pendulares locales de Bastia a Casamozza, el empalme original para el funesto ramal de la costa este, y en verano hay un servicio de tranvía tras las playas, entre Calvi y L'Ile Rousse.
Para estudiar este sistema ferroviario en su conjunto, lo más lógico es comenzar en Ajaccio o en Calvi, y, siguiendo la norma de reservarse lo mejor para el final, seguramente lo más apropiado sea comenzar en Calvi.
Los trenes que se utilizan ahora en el ramal de Calvi son Automotores Diesel de la Serie X2000, fabricados en 1975-76 por CFD Montmirail, aunque en la actualidad se está probando en la línea una Serie más reciente. Los X2000 no tienen un compartimiento separado para el maquinista: éste va instalado en un asiento central elevado, un lugar ideal para estrechar las manos de los amigos y besar a los parientes del sexo femenino cuando suben al tren.
La circulación en estas Unidades es muy animada, especialmente en los tramos rectos. El maquinista goza de buena visibilidad, algo muy necesario, ya que vacas y cabras de la isla encuentran abundantes pastos en estas vías, pues, según parece, se desconocen los herbicidas.
La estación de Calvi está cerca del puerto náutico y del muelle sombreado de palmeras, y casi a la sombra de la gigantesca ciudadela que domina la ciudad.
En el primer trayecto del viaje, de Calvi a L'Ile Rousse, la línea férrea discurre ceñida a la costa. Comienza bordeando la bahía de Calvi, y circula tan cerca de la playa que la arena se amontona sobre las vías. Tras dejar atrás las playas turísticas, llegan las calas rocosas, gran parte de ellas de arenas blancas; en un momento dado, el mar es verde intenso, después, al momento siguiente, azul profundo, y abundan las plantas exóticas.


La estación de L'lle Rousse, la primera población importante en la línea que parte de Calvi, se encuentra a la salida del pueblo. El fotógrafo muestra claramente la apetitosa hierba que crece por todas partes, incluso entre las vías.


La subida a través de las montañas

La línea cruza L'lle Rousse, entre la plaza y el paseo marítimo, y luego vuelve al interior. Después de dirigirse un poco hacia Calvi, la ascensión comienza por un camino a través de las montañas. La línea sube gradualmente, bordeando el ancho valle Regino, gira arriba y abajo, rodeando varios valles y cruzando unos cuantos túneles, hasta que finalmente irrumpe en el muro montañoso a través del túnel Novella.
Nada más abandonar el túnel de la cima, se ve a la derecha un pequeño arroyo; el ferrocarril lo seguirá a partir de ahora hasta llegar al mar. La primera parte del descenso, que llega hasta el empalme de Ponte Leccia, baja directamente hasta el valle, con una pendiente media de 20 milésimas por metro y unas curvas con un radio de unos l00 metros.


La DMU Bastia-Ajaccio de las 14.45 h para en Vivario, a donde llega a través de un itinerario largo y sinuoso debido a las rampas. La mujer de azul es la jefa de estación. Muchas de las estaciones corsas carecen de empleados, y las que los tienen cuentan a menudo con casas para el personal de la estación.


Un entorno solitario y perfumado

El paisaje del interior de Córcega es agreste y difícil de recorrer. Aparte de las zonas verdaderamente montañosas, la mayor parte del país está aislada, cortada por gargantas y atravesada por afloramientos rocosos. Hay grandes bosques de pinos, hayas, castaños y robles. Allí donde los árboles han sido talados, crece el característico "maquis", una aromática mezcla de arbustos, brezos, codesos, enebros, mirtos y romeros. En verano, el maquis supone un gran riesgo de incendios, y en Casamozza el ferrocarril mantiene a punto para entrar en servicio en el momento apropiado, un furgón antiincendios.
El ferrocarril hace patente el aislamiento del interior de Córcega, pues en algunas zonas él es el único signo aparente de que allí haya vida humana; durante kilómetros no hay ni rastro de edificios o carreteras, a veces ni tan siquiera se ven vallas y castilletes, y el ferrocarril, que allí donde ha sido posible ha quedado perfectamente acoplado al paisaje, es en sí mismo una inserción discreta. Cuando surge algún pueblo, queda a menudo más alto que el ferrocarril; las poblaciones se construyeron a esas alturas para tratar de evitar el temido mosquito de la malaria, el cual fue introducido en la isla durante la ocupación romana y hace tan sólo 50 años que ha sido eliminado.


EL FERROCARRIL CORSO DE VÍA ESTRECHA

Siguiente