El balasto

 La presión bajo una traviesa, con un tren circulando sobre ella, puede llegar a ser de 6,8 kg./cm. cuadrados, pero dado que un firme de grava puede soportar tan sólo 3,4 kg./cm. cuadrados es necesario algún tipo de refuerzo.
El balasto sujeta la vía en su emplazamiento y le proporciona el drenaje adecuado, a la vez que reparte la presión bajo la traviesa para impedir que el subsuelo blando se dañe con el peso de los trenes.
Materiales: Antiguamente, el material que más se utilizaba era la piedra caliza triturada, ya que era muy abundante, pero hoy en día se usan piedras más duras, como el granito o la gravilla. Al llover, el agua arrastra la suciedad de la capa de grava más superficial, y esa mezcla de agua e inmundicia forma una pasta que, al chocar una piedra con otra bajo el peso de los trenes, va deteriorando lentamente el balasto.
También se pueden usar otros materiales: la escoria triturada de caldera, la grava lavada, la lava triturada o la arena. Los desechos de amianto, tienen un rendimiento superior al balasto de roca pero pueden afectar seriamente a la salud.
El tamaño del balasto está entre 2,5 y 6 cm. Bajo la presión de los trenes, estas piedras se ajustan unas con otras  y  forman  un  armazón

que distribuye el peso hacia- afuera y hacia abajo. Las piedras de este tamaño permiten un drenaje rápido de las aguas pluviales y la evaporación de la humedad del subsuelo.
El grosor de la capa de balasto depende del tipo de trenes que tengan que circular por la vía. Para trenes de alta velocidad se coloca una capa de 30 cm. de grosor, pero en otros trenes de menor velocidad el grosor es de unos 22 cm. Si la vía está asentada sobre una tierra blanda, como, por ejemplo, la arcilla, se echa una capa de arena bajo el balasto.
La capa de balasto sobresale de las traviesas por sus extremos formando una banqueta, que, a menudo, en las curvas tiene mayor grosor y sobresale aún más para resistir la presiones laterales de los trenes, pues, de otra forma, éstos irían desplazando las vías hacia fuera. Los raíles soldados necesitan que esa banqueta de balasto sea igualmente ancha en los tramos de vía rectos, para, de ese modo, impedir que se curven con tiempo caluroso. Por otra parte, el extender el balasto hasta el canal de desagüe permite desalojar el agua de la plataforma.
Mantenimiento: Con los años, el balasto se va taponando; por ello, es necesario limpiarlo de vez en cuando. Hay unas máquinas llamadas "Dresinas" que recogen el balasto , lo criban,

desechando la capa manchada de grasa y aceite, y, una vez limpio, lo devuelven a la vía, añadiendo balasto nuevo para reemplazar el que se ha perdido en la limpieza.
Un drenaje defectuoso hace que el problema se vaya agravando, ya que una pequeña obstrucción lleva a otra, hasta que llega un momento que con el peso de los trenes se producen baches por el lodo acumulado. Esto no es peligroso cuando se trata de vías secundarias en las que se circula a poca velocidad, pero es imprescindible que las vías de las líneas principales se mantengan escrupulosamente limpias.
Las heladas agravan los problemas de drenaje, pues el deshielo puede producir también pequeños baches en la vía. Este es un problema que afecta seriamente a la vía férrea en los climas fríos, y pone de manifiesto que el mantenimiento de las vías en invierno es difícil, cuando no imposible el algunos casos.
Colocación: La moderna tecnología apenas ha afectado a las normas básicas de colocación del balasto. Se han llevado a cabo diversos experimentos con el fin de sustituir el balasto y las traviesas por planchas de hormigón pero, con excepción de lugares concretos, como el interior de túneles, no es una innovación capaz de sustituir el procedimiento habitual.


Constitución de la plataforma
El balasto distribuye las cargas del peso de los trenes, y su grosor responde a la frecuencia y tipo de tráfico que soporta. Otra función importante del balasto es la del drenaje; en los subsuelos blandos se coloca bajo él una capa de arena que ayuda a que el drenaje sea efectivo. Cuando el balasto se coloca manualmente se obtiene una disposición más abierta de las piedras, por lo que hay que añadir una capa de granito triturado para rellenar los huecos. Hoy día, lo habitual es que una máquina apisonadora (Matisa) prense el balasto y forme de este modo una malla de piedras compacta.


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Fuente: El Mundo de los Trenes - Ediciones del Prado S.A. - Madrid - España